El concurso internacional para el diseño del palacio legislativo

 El Palacio Legislativo Federal, promovido por el presidente Porfirio Díaz y su gobierno, pretendía ser un edificio icónico de la modernidad política del régimen para destacar la posición de México frente a la comunidad internacional.
Con este propósito, en 1897 la secretaria de comunicaciones y obras públicas emitió una convocatoria internacional para la realización del proyecto de la futura sede de las cámaras de diputados y senadores. En dicho concurso participaron destacados arquitectos de la época entre los que destacaba Adamo Boari, mismo que construiría posteriormente el Palacio de Correos y el Palacio de Bellas Artes
.

 Tras un proceso de selección poco claro y lleno de polémicas, el proyecto fue adjudicado al arquitecto francés Emile Bernard.
El proyecto de Bernard fue criticado por sus descomunales dimensiones y elevado costo: el Palacio Legislativo seria el más grande del mundo después del Parlamento de Budapest en Hungría.
El problema más inmediato al que se enfrento fue el de la falta de solidez del terreno, que le tomo a su taller cinco años de estudios sobre la resistencia del subsuelo y las posibles soluciones estructurales. Sin consultarlo, la secretaria de comunicaciones y obras publicas contrato a la corporación estadounidense Milliken Bros, para que hiciera el proyecto completo de la cimentación y la estructura metálica del edificio, la cual remitió algunos planos basados en los trabajos realizados en el taller de Bernard y contrato a varios ingenieros mexicanos para que se ocuparan de su aplicación.
De ese modo la primera piedra de este edificio fue colocada el 23 de septiembre de 1910 por el propio presidente Porfirio Díaz. Tras un avance notable en el armado de la estructura de acero del edificio, la construcción del Palacio Legislativo fue suspendida por falta de recursos a raíz de las luchas revolucionarias.
Bernard volvió a paria en 1912 y a su regreso a México en 1919 se encontró con una estructura abandonada llena de escombros y maleza, con daños ocasionados por el hundimiento de las crujías laterales. Empero, la estructura de la gran cúpula no presentaba hundimientos y permanecía estable. Bernard elaboro un proyecto para rescatarla como panteón de los héroes, pero este tampoco se realizo por las convulsiones políticas generadas por el asesinato de Álvaro obregón en 1928.
La estructura del que iba a ser uno de los edificios más suntuosos de la ciudad, permaneció inutilizada durante varios lustros, lo que motivó que empezaran a ser desmanteladas las naves laterales y se pensara incluso en la demolición total del inmueble, para evitarlo, el arquitecto mexicano Carlos Obregón Santacilia propuso  al entonces secretario de Hacienda, Alberto J. Pani, el aprovechamiento de parte de la estructura de la cúpula del frustrado Palacio Legislativo para erigir un monumento a la entonces recién concluida Revolución Mexicana. Dicha propuesta fue aceptada y su construcción abarcó de 1933 a 1938.
Este monumento destaca por lo masivo y geométrico de su construcción que nos remite a la arquitectura prehispánica, sin embargo también es fiel representante de una las corrientes arquitectónicas de ese momento, el Art Deco, estilo que se hace presente en los grupos escultóricos que se asientan sobre las pechinas de la cúpula de cobre del monumento, mismos que fueron creados por el artista Oliverio Martínez y que representan respectivamente: la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras. Otros elementos de clara influencia Art Deco son las lámparas ubicadas a los lados del monumento.
Años después de su conclusión, este monumento fue convertido también en mausoleo donde descansan los restos de los algunos de los principales protagonistas de la Revolución Mexicana: Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas. Asimismo desde 1986 el  sótano de este monumento alberga al Museo de la Revolución.
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